¿Por qué?

Hasta nuestra llegada al mercado todas las instalaciones de plataforma eran muy complejas y difíciles de gestionar. Cada cierto tiempo la empresa de turno se atrevía a subir una nueva versión de su sistema con el objetivo de instalar parches y hacer cambios y mejoras. Por pura estadística, era posible y probable que algo fuese mal, que el origen del problema fuera difícil de localizar y que, a más inri, se produjese un efecto dominó ante lo cual la menos mala de las soluciones fuese volver a la versión anterior tras el intento fallido de actualización del sistema. Habiéndolo sufrido en nuestras carnes cuando liderábamos  operadores antes de fundar Travel Compositor, teníamos muy claro que este no sería el caso de nuestros clientes, y además, lo haríamos compatible con nuestro firme propósito por la innovación constante.

Tenía que haber alguna manera

Nos llevó algún tiempo, no inventamos la rueda, bastaba con trabajar concienzudamente en el empeño. El equipo trabajó duro en investigar todo lo había ahí fuera y combinarlo ingeniosamente con lo aprendido en los últimos años y, al final, lo conseguimos. El convencimiento y la seguridad de encontrar la solución nos guió en el camino de la teoría a la práctica.

¿Como?

En cualquier proceso de mejora existen algunos riesgos que te pueden llevar a fracasar. Entre ellos, podíamos incurrir en hacer las cosas muy complicadas o perder el foco en el problema real a solventar. Nos vacunamos contra este escenario con una mezcla de sencillez y pragmatismo. Nuestra solución habría de ser sencilla, eficiente y que mejorase con el tiempo a medida que se usase. A simple vista, un reto simple y muy complicado a la vez. Empezamos por simplificar nuestra arquitectura, la mochila tenía que ir ligera para ir rápido. Posteriormente, el equipo hizo acopio de todos los casos de uso posibles a los que el sistema habría de enfrentarse, una especie de prueba de esfuerzo para deportistas de élite que llevase al sistema a su límite. Miles de tests se ejecutan en cuestión de minutos y muchos más nuevos van incorporándose cada día a medida que la máquina va aprendiendo.

De manera diligente, el sistema comienza su jornada laboral subiendo una nueva versión tras el testo general. En caso de encontrar el más mínimo error, la subida a producción se cancela para que un miembro del equipo lo solvente sin dilación ya que el propio sistema le dirá qué pasó exactamente, dónde ocurrió y qué hacer para volver a intentarlo de manera ágil y certera. La mejora continua ha hecho que el número de incidencias prácticamente desaparezca y si nada ocurre, la nueva versión y la antigua trabajan de manera simultánea hasta que el último usuario trabajando en la antigua versión finaliza su sesión, tras lo cual la nueva versión se convierte en la única y más actualizada hasta que el proceso vuelve a comenzar transcurridas apenas una horas. 

Así de fácil y así de difícil

Los usuarios felizmente inconscientes de lo que el sistema está haciendo por ellos continúan trabajando sin la más mínima incidencia beneficiándose de las mejoras que implementamos cada día. Conseguimos que el tiempo transcurrido entre que un cliente nos traslada una mejora o nuestros expertos la proponen proactivamente, se reduzca a la mínima expresión, sin ruidos y sin problemas, haciendo que Travel Compositor siga siendo el referente en la carrera por la innovación constante.

Así de fácil, y al mismo tiempo así de difícil. Y así hasta un máximo de ocho veces al día, cada día de lunes a viernes las 52 semanas del año y ya hace ocho años desde que conseguimos que el sistema evoluciona varias veces al día para que tú no pares de vender.